Seca de la encina

Nos ha sorprendido gratamente la enorme aceptación que ha tenido nuestro post titulado “Seca de la encina y aluminio”, por lo que hemos decidido ahondar un poco más en las causas de su posible origen.

Sin lugar a dudas, uno de los mayores retos a los que se enfrentan aquellos propietarios afectados por esta pandemia es la vaga información existente sobre las causas de la misma, y en este sentido, ya indicamos algunos de los agentes bióticos causantes del fenómeno, resultando sorprendentes las grandes divergencias encontradas en la literatura científica a la hora de encontrar al verdadero causante, sobre todo si consideramos que no resulta infrecuente que los distintos estudios publicados difieran enormemente unos de otros, con lo cual, las conclusiones a la hora de abordar la correcta gestión de las dehesas podrían resultar poco efectivas.

Por ello, y de momento, si consideramos que la seca es un conjunto de síntomas que se presentan juntos y son característicos de una enfermedad o de un cuadro patológico determinado provocado por la concurrencia de más de una enfermedad, encontramos más apropiado utilizar el término “síndrome” para describir el fenómeno que nos ocupa.

Dado que hasta el momento no existe unanimidad en las causas de la seca, quisimos exponer nuestro particular pensamiento sobre otro de los posibles agentes involucrados en el decaimiento forestal, el aluminio, y a pesar de que este elemento es considerado como uno de los mayores contaminantes edáficos a nivel mundial, y ser uno de los principales responsables de la pérdida de rendimiento agrícola, no parece haber estudios que intenten discernir si este elemento pudiera efectivamente estar detrás de la pérdida de las dehesas, y todo ello a pesar de ser reconocido como el principal agente responsable del decaimiento forestal a nivel mundial. Del mismo modo, hemos de considerar que el hecho de que la empresa Monsanto disponga de semillas resistentes a la contaminación por aluminio como uno de sus productos estrella, debería llamarnos a la reflexión.

Análogamente, no debemos obviar el hecho de que este decaimiento aparentemente exclusivo de las quercíneas, está presente también en innumerables especies forestales como acebuches, madroños, pinos, álamos, eucaliptos, y otras especies arbustivas propias del sotobosque, por lo que no deberíamos descartar el hecho de que un contaminante ubicuo como el aluminio edáfico pudiera estar detrás del decaimiento forestal a nivel global, aspecto sobre el que existen innumerables informes y estudios, por lo que recomendamos encarecidamente la lectura de nuestro artículo “Seca de la encina y aluminio”.

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Algarrobo con síntomas compatibles con la seca (1)

Sea como fuere, el hecho de que hasta la fecha no exista una solución efectiva, como así ha reconocido el propio Consejero de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía en un acto de sinceridad digno de elogio, nos lleva a plantear algunas actuaciones en la gestión de las dehesas que podrían mejorar la situación en el medio plazo.

Pero antes, quizás deberíamos romper algunos mitos recurrentes como los de que las dehesas han sido el resultado de la intervención consciente del ser humano, que desde la antigüedad supo seleccionar aquellas especies más propicias para el aumento de la productividad del medio, o que las dehesas son un ejemplo de biodiversidad natural. En este sentido, como ya indicamos en nuestro post titulado “Evolución de los bosques de Huelva”, sabemos que antes de la irrupción del ser humano la vegetación de la citada provincia era eminentemente forestal, destacando la presencia de quercíneas caducifolias, abedules, castaños y avellanos en cotas cercanas al nivel del mar hasta tiempos históricos recientes.

Este entorno boscoso poco productivo en pastos bien pudo ser modificado por el ser humano con la ayuda del fuego, para de esta forma, favorecer la proliferación de otras especies herbáceas que prosperaron debido a los conocidos fenómenos de sucesión secundaria, algo muy similar al procedimiento utilizado por los aborígenes australianos en la actualidad. De hecho el paisaje de los eucaliptares australianos recuerda enormemente a las dehesas ibéricas, dado que tanto eucaliptos como encinas y alcornoques comparten un carácter marcadamente resistente al fuego.

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Esta “dehesa” australiana recuerda a las ibéricas (2)

La abrupta modificación del entorno ha sido también demostrada en los bosques originarios de las tierras bajas de la costa onubense, habiéndose puesto de manifiesto mediante evidencias palinológicas la alteración cronológica de los bosques mixtos originales en función de las intervenciones humanas. Así, los periodos altamente antrópicos favorecían la proliferación de las quercíneas, mientras que los largos periodos en los que la actividad humana decrecía, las masas de pinos recuperaban el terreno perdido.

Esta dualidad competitiva se ha repetido en varios periodos históricos de manera recurrente, por lo que no debería resultar aventurado considerar la idea de que la intervención humana inconsciente, fuera la verdadera responsable del surgimiento de las dehesas, y con ellas, el aumento de todas aquellas especies adaptadas a estos entornos silvopastorales.

Por otra parte, pensar que estás dehesas primigenias se han perpetuado hasta nuestros tiempos es también incorrecto, por cuanto que los mismos estudios palinológicos anteriormente citados, demuestran que la actividad humana propició la pérdida total de las masas boscosas en varios periodos históricos en los que la minería consumió toda la vegetación arbórea de inmensas zonas de la provincia. De hecho no sería improbable que los bosques de abedules (probablemente, Betula pendula Sp. Fontqueri Var. Parvibracteata), desaparecieran debido a estas alteraciones, dado que éstos estuvieron presentes en periodos recientes más cálidos que el actual.

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Estudio palinológico de la provincia de Huelva (3)

Del mismo modo, y como indicamos anteriormente, debemos considerar inapropiado designar a las dehesas como entornos diversos por cuanto que su propia naturaleza ha llevado consigo la desaparición del resto de las especies arbóreas consideraras inapropiadas o poco productivas, por lo tanto, las dehesas bien podrían considerarse como uno de los espacios naturales más bellamente degradados, y en los que muchas especies encontraron un nuevo nicho en el que prosperar de manera exitosa.

Esta bien pudo haber sido la historia de las dehesas ibéricas, cuya génesis debió originarse como consecuencia de la participación involuntaria del fuego al objeto de crear espacios abiertos y nuevos pastos, y en el que las quercíneas encontraron un nuevo entorno en el que prosperar libres de competencia, y con la particularidad de que muchas de ellas aparecieron y desaparecieron en función de los cambios en los usos del suelo.

Ciertamente, la mayor parte de las dehesas de la actualidad parecen haber sido plantadas el mismo día, como si el propietario del terreno hubiera decidido crearlas como medio de vida, y es por ello habitual ver dehesas enormemente homogéneas sin signos aparentes de regeneración en décadas o siglos, por lo que ante todo, también deberíamos considerarlas como cultivos forestales, y como tales, son susceptibles de padecer la proliferación de todos aquellos patógenos propios que depredan y debilitan el arbolado.

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Nula regeneración en las dehesas (4)

Como resultado de la baja variedad botánica de las dehesas, la senectud del arbolado, la pérdida de suelo como consecuencia de la implementación de aquellas labores destinadas a la eliminación de la cobertura vegetal, las podas severas, la sobreexplotacion, y la pérdida de variabilidad vegetal debido a ese afán por mantener “limpias” las explotaciones mediante la eliminación de setos, linderos y bosques de ribera, las dehesas afectadas por la seca se asemejan a cualquier otra explotación citrícola abandonada.

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Explotación citrícola afectada por decaimiento (5)

Si asumimos esta analogía como correcta, no debiera sorprendernos el hecho de que algunas especies xilófagas como Cerambyx cerdo, o Cerambyx welensii hayan incrementado sus poblaciones hasta constituir auténticas plagas, y a partir de ahí, podremos comprender el nivel de depauperación que estás especies han ocasionado durante siglos al arbolado, y todo ello unido a la circunstancia de que las podas y la erradicación de otras especies acompañantes ha impedido la presencia de las especies de aves nocturnas que se alimenta de los adultos de estos terribles depredadores.

Las mismas circunstancias anteriormente descritas, permiten comprender el éxito de otros patógenos inferiores como bacterias y hongos de enorme capacidad recombinante que les permite la generación de gran cantidad de cepas distintas adaptadas a los cambios del medio.

Pero a pesar de este panorama, hoy sabemos de la existencia de ejemplares de Quercus Spp. resistentes a determinados patógenos como Phytophtora cinnamommi, por lo que una cierta regeneración en aquellos entornos naturales poco intervenidos con presencia de ejemplares jóvenes no apetecibles para los cerámbidos pueden hacernos pensar que las quercíneas están respondiendo al reto de la vida.

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Regeneración natural de alcornoques (6)

Como conclusión, debemos seguir investigando las causas reales detrás del decaimiento forestal, incidiendo en otros agentes posibles no contemplados hasta el momento como la enorme presencia de aluminio en muchos de los suelos ácidos del occidente peninsular, y proponiéndose las siguientes actuaciones:

  1. Realización de análisis de suelo para determinar la posible presencia excesiva de metales como bario o aluminio.
  2. Reforestación de las dehesas con ejemplares resistentes a patógenos inferiores como Phytophtora cinnamomi.
  3. Aumento de la variedad vegetal de las dehesas incluyendo otras especies de quercíneas, restaurando los bosques de ribera, y manteniendo setos vivos en las lindes de las fincas. En este sentido, recomendamos la lectura de nuestro artículo El género Quercus en la provincia de Huelva
  4. Aporte de enmiendas cálcicas que aumenten el Ph del suelo para promover la inmovilización de contaminantes como el aluminio, y al mismo tiempo para crear un medio inhóspito para patógenos inferiores acidófilos.
  5. Eliminación de subvenciones para todas aquellas explotaciones que hayan tenido como única finalidad el cobro de ayudas sin demostrar un mínimo mantenimiento de las mismas.
  6. Instalación de cajas-nido apropiadas para especies nocturnas insectívoras como autillos y mochuelos.
  7. Colocación de trampas para la captura masiva de cerámbidos, utilizando para ello zumo de melón como atrayente. Este aspecto es fundamental.
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Cerámbidos capturados mediante trampeo (7)

Esto es todo, esperamos que esta entrada haya resultado de vuestro interés.

Créditos de imágenes e informaciones:

Foto de portada: http://www.foro-ciudad.com/badajoz/castilblanco/fotos/287414-encina-seca.html

Fotos (1,5,6) Propiedad de los autores, y pueden ser utilizadas referenciando el lugar del que fueron obtenidas.

(2) http://ramblingsdc.net/Australia/ClareTrees.html

(3) https://www.um.es/analesdebiologia/numeros/28/PDF/05-ANALISIS%20POLINICO.pdf

(4) http://dendrocopos.com/?page_id=496

(7) http://espiritudearbol.blogspot.com.es/2014/11/la-muerte-silenciosa-cerambys-welensii.html

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2 comentarios sobre “Seca de la encina

  1. Si hay un tratamiento de la seca, yo he visto imágenes en las que una encina seca, vuelve a tener masa forestal. Es más, se las puedo hacer llegar, lo que pasa es que a las grandes firmas de fitosanitarios no les interesa que salga a La Luz.

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    1. Muchas gracias Daniel por tu comentario. Efectivamente hay algunos tratamientos efectivos, al menos en ejemplares poco afectados. Nosotros mismos estamos haciendo pruebas con un producto muy barato con el que esperamos tener resultados satisfactorios.

      El problema verdaderamente es que hay decenas de miles de encinas y alcornoques gravemente afectados, y es de esperar que la gran mayoría de ellos no reciba tratamiento alguno.

      Lo más probable es que se vaya hoy en día a la obtención de ejemplares resistentes a la seca, y que después los propietarios de dehesas busquen subvenciones para sembrar las dehesas…

      Un abrazo

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