Incendio de Doñana

Este es uno de los artículos que jamás hubiéramos querido escribir, pero la gravedad del incendio acontecido estos días en la provincia de Huelva bien merece una reflexión sosegada que nos ayude a entender como una inadecuada política forestal puede ser el origen de algunas de las catástrofes más devastadoras, y tenemos que confesar que se nos hace muy difícil describir el escenario apocalíptico vivido durante estos días, hasta el punto de que resultaba de todo punto imposible pensar que un incendio de tal magnitud pudiera ser apagado gracias al concurso humano, y es por ello que hoy más que nunca, debemos reconocer la abnegación y la valentía de todos los medios humanos que han intervenido en su extinción. Vaya por ellos nuestra admiración y reconocimiento.

Es también una buena oportunidad para resaltar la excelente respuesta de la ciudadanía ante una crisis tan extraordinaria en una de esas escasas ocasiones en las que el irracional pavor instintivo se muestra incapaz de doblegar al sosegado raciocinio, sobre todo cuando estás siendo testigo del avance de un fuego que parece reclamarte de manera irremisible.

Vaya por delante que no queremos en ningún caso utilizar este artículo para criticar a la hoy muy denostada clase política, dado que es evidente que lo vivido estos días no ha debido ser plato de buen gusto para nadie, y es por ello que solo queremos plasmar nuestra visión particular sobre lo acontecido con un ánimo meramente constructivo ante una política forestal que a todas luces, y a tenor de los datos históricos, no refleja la verdadera naturaleza de los los procesos naturales potenciales de un entorno tan complejo como el que nos ocupa.

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(1) Armonía fractal

Es muy difícil explicar la magnificencia con la que la vida se muestra en el entorno de Doñana, pero parece plausible que el verdadero motor de tal complejidad sea simplemente la extraordinaria concurrencia de muchas circunstancias azarosas, y en este sentido, si usted ha tenido la oportunidad de visitar como turista el Parque Nacional durante el tórrido verano, es entendible que le resulte imposible imaginar la verdadera magnitud del agua como principal protagonista durante el resto del año, hasta el punto que la vista se puede mostrar incapaz de abarcar los amplios dominios del líquido elemento. También le será imposible creer que en invierno se han llegado a registrar en tiempos históricos recientes temperaturas de hasta 12 grados bajo cero en muchas fincas del entorno, o que especies de árboles propias de climas más fríos como nogales, manzanos y perales silvestres prosperen perfectamente asilvestrados en los bellos mosaicos que conforman las tierras tradicionales del norte del parque.

De hecho, esta biodiversidad es extensible al resto de la provincia de Huelva en la que en muchas zonas se superan ampliamente los mil litros de precipitación al año, y en la que una miríada de barrancos y valles permiten la existencia de plantas relictas, y una gran cantidad de especies del género Quercus que hacen de esta provincia, quizás, la que atesore un mayor número de especies del citado género como ya pudimos ver en nuestro artículo titulado “El género Quercus en la provincia de Huelva”, cuya lectura aconsejamos.

Son estos datos meteorológicos los que han permitido en algunos documentos climáticos antiguos incluir a la provincia de Huelva como integrante del entorno templado, probablemente debido a la existencia de documentos históricos como los aparecidos en la enciclopedia descriptiva de los pueblos de España editada en el siglo XIX por el parlamentario español Pascual Madoz Ibáñez, que describió la presencia frecuente de campos cultivados de nogales, cerezos y castaños en los pueblos del Condado de Huelva, y la existencia habitual de fincas destinadas a la producción de centeno.

Esta cita climática es de vital relevancia a la hora de elaborar nuestro parecer sobre la gestión de los bosques, dado que nos permite comprender que solo hace 200 años el clima mundial fue extraordinariamente frío debido a la baja actividad solar, un episodio conocido como “La Pequeña Edad de Hielo” que costó la vida a un tercio de la población mundial y que es perfectamente conocida por historiadores y climatólogos.

Curiosamente, estos mínimos solares son perfectamente predecibles debido a los cambios del baricentro del sistema solar y se producen aproximadamente cada doscientos años, motivo por cual, este ciclo muy bien conocido, recibe el término de quasi-bicentenal. Estos mínimos y máximos solares tan perfectamente predecibles alteran profundamente las condiciones climáticas, de manera que los mínimos solares provocan Cambios Climáticos debido a la baja actividad solar, y cuya consecuencia más evidente es el cambio en la corriente de chorro responsable del reparto de las masas frías y cálidas a lo largo del planeta, la activación de los sistemas tectónicos, y el aumento de las nubes, y aunque le pueda parecer lo contrario, la mayor parte de los climatólogos más importantes a nivel mundial alertan de la entrada en un periodo enormemente frío a partir de esta misma década. Este aspecto puede entenderse con facilidad viendo la reconstrucción climática del último milenio en la gráfica con la que acompañamos este párrafo, y en ella podemos comprender como las altas temperaturas actuales no se corresponden bajo ningún concepto con la actividad antropogénica, como así denuncian muchos meteorólogos, y también podemos comprobar de manera indubitada como las temperaturas globales caerán de manera relevante en los próximos años, por lo que culpar al supuesto Calentamiento Global Antropogénico de este incendio es bastante pobre intelectualmente hablando.

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(2) Temperaturas máximas y mínimas durante los ciclos solares

En cualquier caso, es probable que esta información le parezca irrelevante a la hora de explicar la gestión forestal del entorno de Doñana, pero nos ayuda a comprender los episodios meteorológicos naturales catastróficos que de manera cíclica afectan a los ecosistemas mundiales, al tiempo que nos permite comprobar cómo el Calentamiento Actual no es Antropogénico, y que de hecho este máximo solar arroja temperaturas muy inferiores a los anteriores picos solares como en el caso del denominado Óptimo Térmico Medieval.

Estos picos solares se vienen repitiendo desde el fin de la última glaciación, justo el momento en el que los hielos del cuaternario desaparecieron de manera rápida permitiendo la conformación primigenia de las masas arbóreas que hoy componen nuestros bosques. Es ese el momento en el que el ser humano comienza a desarrollar la agricultura en aquellos incipientes asentamientos que poco a poco fueron propagándose por toda Iberia, aunque indudablemente debieron pasar unos cuantos milenios hasta que la población fuera lo suficientemente importante como para modificar la composición de los bosques de manera sustancial.

En este sentido, hoy en día disponemos de unas herramientas magníficas para caracterizar las masas boscosas históricas debido a los estudios palinológicos llevados a cabo en los yacimientos arqueológicos, y casualmente la provincia de Huelva ha arrojado una información muy relevante debido a la importancia de los primeros asentamientos mineros en torno al tercer milenio antes de Cristo. Es precisamente ese el momento más interesante a la hora de fijar una fecha de partida para comprender la evolución de los bosques de la provincia, aspecto al que ya dedicamos una entrada titulada “Evolución de los bosques de Huelva”, y en la que pudimos advertir la presencia de bosques compuestos principalmente por pináceas acompañadas por quercíneas caducifolias, así como por abedules y avellanos, justamente en el mismo entorno del Parador de Mazagón hoy afectado por el incendio de Moguer. Este estudio palinológicos aparece reflejado seguidamente, y aconsejamos su observación para que comprueben como la intensa actividad humana llego a dejar completamente deforestado el entorno en el que se encontraba, dejando estéril el registro de polen reflejado en este mismo estudio.

Sabemos también que en los periodos en los que la actividad humana era muy intensa los pinares desaparecían en gran medida debido a su escasa capacidad de supervivencia tras el paso de los incendios, permitiendo la proliferación inmediata de las quercíneas que permanecían achaparradas en el interior de las tupidas masas que conformaban los pinares como integrantes del sotobosque ante la ausencia de luz. Este aspecto puede comprobarse claramente en la siguiente gráfica.

Por lo tanto, y de manera inmediata, sabemos que en los periodos en los que los humanos interferían en los entornos mediante la utilización del fuego las quercíneas prosperaban de manera fulgurante mientras que perdían protagonismo en los episodios de baja actividad humana en detrimento de los pinos por ser estos últimos más competitivos en escenarios antrópicos poco alterados.

Por lo tanto, y por desagracia, la gestión forestal que de Doñana se está haciendo en la actualidad es inversamente proporcional al desarrollado en el teatro de la vida como consecuencia de las catástrofes medioambientales que de manera recurrente se han venido produciendo en todos los territorios peninsulares desde la noche de los tiempos, de tal manera que gran parte de los bosques de Doñana parecen asemejarse en la actualidad a cultivos industriales perfectamente alineados y gestionados desde un punto de vista productivo.

Es también un auténtico despropósito que hoy en día existan plantaciones de eucaliptos prodigándose a lo largo y ancho de todo el entorno de Doñana, ocupando grandes extensiones de terreno y todos los sistemas hídricos que vierten sus aguas en plena marisma, desplazando la vegetación autóctona, muy interesante y diversa, de la mayor parte de los entornos freatófilos que abundan por doquier. Es de destacar también que los estudios palinológicos ponen de manifiesto que los alisos fueron muy frecuentes en fechas recientes en aquellas “tembladeras” y cursos de agua que al igual que hoy mantenían agua fluyente incluso en verano.

Curiosamente también, el sector de los frutos rojos tan denostado desde el punto de vista mediático, pretende presentarse hoy en día como la única amenaza de Doñana, cuando la realidad incontestable es que gran parte de lo que hoy en día es el entorno natural de Doñana es el resultado de agresivas actuaciones humanas que en tiempos recientes ha sido testigo de la eliminación de gran parte de las saucedas autóctonas debido a la extracción de turba, la desecación de humedales, la alteración de los cursos fluviales, las plantaciones masivas de pinos y eucaliptos, o las actuales y agresivas labores de extracción de ingentes cantidades de biomasa y la eliminación del sotobosque.

Del mismo modo, sorprende el hecho de que muchas poblaciones de especies animales amenazadas sean capaces de encontrar las condiciones ambientales apropiadas para prosperar a buen ritmo en otros espacios naturales no protegidos, mientras que se muestran incapaces de alcanzar niveles poblacionales adecuados en pleno Parque Nacional a pesar de las medidas de protección, como es el caso de linces y águilas imperiales, por no hablar de la extinción del torillo andaluz, o la más que preocupante merma de las poblaciones de un gran número de especies antaño abundantes. Igualmente alarmante resulta la aparición de un gran número de especies alóctonas protegidas como los recién aparecidos siluros en plena marisma de Doñana.

Tristemente, hemos de decir que hoy por hoy no sentimos que la gestión de Doñana esté cumpliendo aquellos objetivos esperables en un espacio protegido de tanto prestigio, en donde las masas boscosas no presentan variedad ni regeneración debido al apretado dosel que conforman los bosques monoespecíficos y al excesivo pastoreo de las más que abundantes poblaciones de ungulados, por lo que entendemos que es necesario hacer borrón y cuenta nueva con el ánimo de articular las medidas necesarias que permitan la máxima expresión biológica de Doñana.

Estas medidas bien podrían ir encaminadas a buscar una mayor presencia de quercíneas en todo el parque natural, buscando una transición entre los pinares de los cordones dunares y las dehesas del norte del parque, al objeto de diversificar el entorno, hacerlo más resistente a los incendios y proveer al medio de nuevos nichos ecológicos, y entendemos que un espacio natural que precise de cajas nido no va por buen camino. Debemos considerar la reintroducción de aquellas especies de Quercus caducifolios que antaño constituían mayoritariamente el estrato arbóreo, ahora que sabemos que éstos fueron en tiempos históricos recientes más frecuentes que otras especies de quercineas perennifolias, o incluso pinos. Sobre este aspecto, somos testigos de la presencia de estas especies plantadas en secano en muchas fincas del entorno que crecen a ritmos verdaderamente considerables, por lo que plantadas en zonas favorables deberían prosperar de manera satisfactoria.

Deberían crearse también nuevas lagunas en el interior del parque, buscando incrementar aquellos entornos lóticos desaparecidos en el pasado al ser cegados por las dunas o directamente eliminados.

Prohibir las plantaciones de eucaliptos que solo benefician a actividades especulativas alejadas de los intereses de los habitantes del parque, y que solo alimentan las cuentas de empresas que no tienen su sede social en la provincia de Huelva, por lo que sorprende el interés que la Junta ha mantenido siempre por los mismos.

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(12) Plantación de eucaliptos en el entorno de Doñana

No entendemos como se permiten las agresivas actividades silvícolas encaminadas a la extracción de biomasa, especialmente si consideramos que el fin de la misma está encaminada a la producción de pellets, y bioenergía, una actividad fuertemente subvencionada y en la que la mayor parte de las empresas vuelven a tener sus sedes sociales fuera de la provincia a la cual se está expoliando. Sorprende como esta industria ha sido promovida por determinados lobbies ecologistas como WWF, una actividad que deja los bosques arrasados en plena época de reproducción de especies. Una auténtica vergüenza, y le llaman “gestión de los bosques”…

Ya que el parque está vallado en gran medida, debería plantearse la reintroducción del lobo ibérico en aquellas zonas posibles para que se controlen las poblaciones de jabalíes, cuyo abundante número está causando estragos en las puestas de anátidas y limícolas. También es interesante el control de las poblaciones que estos cánidos ejercen sobre ciervos, y gamos, los cuales están impidiendo la regeneración de gran parte de los arbustos propios del entorno. Queremos mostrar a modo de prueba como en el propio Diccionario Madoz se describe la frecuente presencia de lobos que bajaban de los campos de Almonte e Hinojos en el apartado dedicado a Bollullos Par del Condado.

Para finalizar, queremos dejar constancia del pensamiento común de muchas personas del entorno de Doñana que manifiestan que antaño la gestión de los montes por parte de los habitantes del mismo era mucho más respetuosa con el entorno, y sienten que el Parque Nacional se ha convertido en el cortijo de unos pocos.

Eso es todo, esperamos que esta entrada haya resultado de su interés.

Créditos de imágenes e informaciones:

(*) Imagen de portada: http://www.20minutos.es/noticia/3074692/0/agricultores-donana-indignados-incendio/

(1) http://armoniafractal.blogspot.com.es/?m=1

(2) http://www.iceagenow.info

(3) Anales de biología 28/2006

(4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, y 12) Propiedad de los autores y pueden ser utilizadas libremente referenciando el lugar del que fueron obtenidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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